Dicen que hay lugares que se disfrutan con el paladar, pero también con el alma. Y Ravioxo es uno de ellos. Un viaje sensorial donde la pasta y los dumplings son protagonistas, pero no los de siempre. Aquí se reinventa, se transforma, se eleva a otro nivel. Como todo lo que toca Dabiz Muñoz.



Entrar en Ravioxo es dejar atrás lo cotidiano. Desde la primera mirada a la carta sabes que lo que viene no es un plato más: es creatividad, técnica, riesgo y sabor. Un homenaje a las raíces asiáticas, sí, pero con esa rebeldía tan característica del chef madrileño. Todo es inesperado, todo es genial.
Este restaurante con una propuesta, basada en dumplings, pastas y fusiones inesperadas, nos ofreció una experiencia gastronómica única. Probamos diez platos salados y dos postres, todos con una presentación impecable y un equilibrio de sabores que demuestran por qué Dabiz es un chef reconocido con estrellas Michelin.



Una carta que sorprende
La creatividad de la carta es evidente desde el primer plato. Entre las creaciones más destacadas disfrutamos de una reinterpretación del cocido madrileño con toques asiáticos: Cocido Hong Kong Madriz, un plato estelar que combina tradición e innovación. El caldo tenía una profundidad única, mientras que los dumplings aportaban un toque moderno lleno de texturas.
Pizza margarita pequinesa de tres cocciones: una obra maestra con base crujiente y ligera, coronada con panceta melosa, los que me conocen ya saben que no puedo pasar sin un plato que lleve este ingrediente.
Su divertido y famoso plato «Pasta de la resaca», un plato provocador y lleno de intención, pensada para reconfortar, despertar los sentidos y dejar huella.



En el siguiente pase disfrutamos de huevos fritos con morcilla, pero no como los conoces, presentados en un dim sum relleno de morcilla de Burgos, con yema líquida y una demi-glace de carne intensa.
Caserío Vaso, mi favorito, un dumpling que sabe a norte. Con una técnica impecable y sabores extraordinarios. El dumpling relleno de txuleta de vaca vieja, acompñado de mole de novia, tamarindo, y uan sorprendente ensalda líquida de caserío, un homenaje a la cocina vasca desde una perspectiva radical y contemporánea. Y uno de los platos que varían en carta: rape tostado al wok en llamas, noodles crujientes, enoki y cantonesa de perdiz.



Como no podía ser de otra manera, hay que culminar la experiencia con el toque dulce. Dos postres: Eclair de los bosques Namelaka de shiitakes y shimejis – salted caramel de 5 especias chinas – ganache de avellanas y chocolate – ponzu y mantequilla, una fusión extraordinaria que no deja indiferente. Y por mi gran pasión al chocolate, había que probar el pastel fluido de choco blanco y yemas.


Pero Ravioxo no es solo lo que comes. Es cómo lo vives. La música, la iluminación, el ritmo de los camareros, la cocina abierta que parece un escenario… todo está pensado para que salgas de allí con la sensación de haber vivido algo único. Porque no es solo una cena: es una experiencia.
Un restaurante imprescindible para quienes buscan una experiencia única, llena de sabores audaces, presentaciones impecables y la magia que sólo un chef con Estrella Michelin puede ofrecer. Dabiz lo ha vuelto a hacer, y Ravioxo es, sin duda, un destino que eleva la cocina moderna a un nivel superior. Ha conseguido que me vuelva a enamorar de la pasta y las masas; y eso, amigos, solo lo consiguen los genios.

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